Papa Francisco: Símbolo de renovación

La Iglesia pedía un clima nuevo y ha escogido al primer Papa latinoamericano y jesuita. Además, el propio Jorge Mario Bergoglio ha elegido un nombre que todavía no había sido escogido por ningún Papa

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Ximo Roselló
14/3/2013

Vídeo Habemus Papam 2013

El reloj marcaba las 19.06 horas cuando el humo blanco de la fumata del cónclave se mezclaba entre las nubes de Roma y por fin las campanas de la Plaza de San Pedro se agitaban por aquello que todos los fieles se habían acercado al lugar: la elección del nuevo Papa.

El elegido ha sido Jorge Mario Bergoglio, aunque ha adoptado el nombre de Francisco, gracias a un total de 77 apoyos de entre los 115 electores. El Papa Francisco, que no partía como favorito, hereda así una Iglesia Católica en crisis y expectante. Entre los principales retos que el nuevo Papa tiene por delante están limpiar el escándalo ‘Vatileaks’, dar transparencia a las cuentas del Vaticano y luchar contra el blanqueo de capitales.

No puede olvidar afrontar los casos de clérigos pederastas, una de las campanadas que ha dejado más tocada a la institución. Además debe continuar el camino de Benedicto XVI por mejorar las relaciones con el Islam y los judíos. Pero sobre todo, recuperar el interés por la Iglesia. 

Sin embargo, en cuestiones doctrinales y morales no apunta a demasiados cambios. Por ejemplo, ya se enfrentó al Gobierno argentino por la ley que en 2010 regulaba el matrimonio homosexual. Entonces Bergoglio calificó la normativa de “movida del Diablo”. También se opuso a la ley de identidad de género y a cualquier regulación del aborto. Además, desde la Compañía de Jesús combatió la Teología de la Liberación y las corrientes más progresistas de la Iglesia que habían logrado gran repercusión en sudamérica.

Un Papa demasiado liberal para los más intransigentes y excesivamente conservador para los progresistas. Lo que está claro es que Bergoglio representa un soplo de aire fresco en las anquilosadas estructuras vaticanas. Se trata del primer Papa jesuita y latinoamericano, además de haber escogido un nombre nuevo que ningún Papa había elegido. Toda una renovación se mire por donde se mire.

El origen del nombre del Papa
En una institución bimilenaria, las palabras con se designa a los papas llaman la atención tanto por su riqueza como por su extravagancia. Por añadidura, el nombre que se elige tiene un componente ideológico y sirve para anunciar el programa y líneas maestras de su pontificado. Francisco I ha sido el elegido por Jorge Mario Bergoglio: inédito en la lista de papas, y sinónimo de austeridad y obediencia al espíritu del Evangelio.

A lo largo de la historia del cónclave, el nombre más elegido es el de Juan, empleado en 23 ocasiones, seguido de Gregorio (16), Benedicto (16), Clemente (15) y León e Inocencio (13). Con Bergoglio se rompe la tradición.

Juan Pablo I fue el primero en apostar por un nombre compuesto, al unir los nombres de dos pontífices anteriores, Juan XXIII y Pablo VI. Secundó el ejemplo Karol Wojtyla al abrazar el de Juan Pablo II. No obstante, Ratzinguer fue entronizado como Benedicto XVI en señal de tributo al fundador de la orden benedictina y homenaje a Benedicto XV, quien se propuso recristianizar Europa.

Hay otros nombres que tienen connotaciones que sería mejor evitar en estos momentos como Pío puesto que a Pío XII le acusan, por ejemplo, de haber guardado un silencio cómplice ante el Holocausto perpetrado por Hitler. Pío IX anatematizó un sin número de movimientos y doctrinas, desde el liberalismo, al socialismo, pasando por el comunismo, el racionalismo, el indiferentismo y otros ismos. Los judíos le tachan de antisemita y entre sus compatriotas levanta ampollas por oponerse a la unificación italiana.

Sea como fuere, Borgoglio ya ha escogido su nombre. El Papa Francisco será quien se siente en la silla de San Pedro aunque a sus 76 años parezca demasiado mayor para el perfil que buscaban los cardenales tras la renuncia de Benedicto XVI.