‘New York Times’ critica el derroche de Valencia

El periódico estadounidense pone como ejemplo los estudios de la Ciudad de la Luz, de Alicante, como “el frenesí valenciano por la construcción”. También ataca a otras construcciones de la capital de la Comunitat.

ciudad de la luz
Ximo Roselló
11/7/2012

El periódico ‘New York Times’ ha escrito un artículo con relación a la Comunidad Valenciana en la que el dinero que la Generalitat ha invertido, para unos, malgastado, para otros, no deja a la Administración valenciana en buen estado.

Los autores de la información, Doreen Carvajal y Rafael Minder han hablado sobre el complejo cinematográfico de Ciudad de la Luz, en Alicante, el cual ponen como ejemplo del “frenesí valenciano por la contruscción”.

Los autores recuerdan que Ciudad de la Luz, en sus inicios, fue proyectada como un “megaestudio de cine donde los cuentos de hadas se hacían reales”, y donde las instalaciones “podían crear un desastre tipo tsunami en un enorme tanque de agua con vistas al mar Mediterráneo, como un Hollywood en la costa española”.

Sin embargo, en la actualidad este tanque “está seco” para los redactores del periódico y los “54 acres de backlots están prácticamente desiertos”. El complejo “está en venta y agobiado por atraer productoras”.

Por su parte, como anuncian Carvajal y Minder, las autoridades europeas “han dado un ultimátum a la Generalitat valenciana para que explique esta semana cómo pretende devolver los 325 millones de dólares de los contribuyentes indebidamente gastados en ambiciones de magnate del cine”.

Al respecto, los periodistas norteamericanos están seguros de que la respuesta “podría ser breve”. Para ello citan las recientes palabras del vicepresidente del Consell, José Císcar, quien reconoció sobre este asunto que realmente, “no hay dinero para devolver”.

Además de la Ciudad de la Luz, el artículo hace referencia a varias construcciones hechas por la Generalitat. “Un puerto para superyates, una casa de la ópera –en referencia al Palau de les Arts– al estilo de la de Sidney, en Australia; un museo de ciencias futurista; el mayor acuario de Europa; un puente con forma de vela, y un aeropuerto que nunca ha registrado una sola llegada o salida”.

A esta crítica se le suma la contratación del arquitecto valenciano “superestrella” Santiago Calatrava, afincado en Zurich, para varios proyectos, quien, recuerdan, “defendía sus honorarios de 115 millones de dólares como ‘modestos’ y ‘por debajo de la media’ de proyectos similares”.