Se ha sugerido que Valentia Edetanorum sea fusionado en este artículo o sección. ...
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Los Fueros de Valencia (furs de València en valenciano), Fueros del Reino de Valencia o ...
Tras haber sido la cuna de la cultura íbera, y receptora de diferentes culturas antiguas (griegos, romanos, cartagineses, fenicios, bizantinos, etc.), en el año 1233 el rey Jaime I el Conquistador inicia la conquista del territorio valenciano marcado entonces por cinco siglos de presencia sarracena: los reinos taifas de Balansiya, Alpuente, Denia, y Murcia.
Una vez conquistadas las Islas Baleares, los esfuerzos militares de Jaime I se redirigieron hacia los territorios islámicos del sur. En el año 1233 se planificó la campaña a Alcañiz, desarrollada en tres etapas:
El año 1283 el rey Pedro III de Aragón autoriza la instalación del Consulado del Mar en Valencia, siendo éste el primero de España.
En 1305 sería dividido este reino quedando para Castilla la zona occidental, que constituiría dentro de la corona castellana el Reino de Murcia, y para Aragón la zona oriental, que pasaría a formar parte del Reino de Valencia, en virtud a la Sentencia Arbitral de Torrellas y el Tratado de Elche.
El reino, al principio de mayoría mudéjar y musulmana, fue repoblado con cristianos de origen principalmente catalán en la costa y aragonés en el interior. Estas poblaciones junto con los judíos, dio como resultado una sociedad multiconfesional y multicultural, siendo los cristianos quienes tenían plenos derechos en comparación con el resto de las culturas. Éstos mismos crean las bases de un sistema económico aprovechando las infraestructuras árabes existentes (azudes, bancales, sistemas de riego, mezquitas, torres de vigilancia, etc.), así como los productos agrícolas asentados (cítricos, pasas, almendras, arroz, chufa, hortalizas, palmeras, etc).
A pesar de compartir rey con los territorios de la Corona de Aragón (Condados Catalanes, Aragón y Baleares), el rey Jaime el Conquistador instaura los fueros de Valencia, fundando de esta manera un reino con identidad política propia, con sus propias instituciones, su propia cultura y tradiciones, con su moneda,, administración, y aranceles. Estos fueros se mantendrían hasta 1707, con la centralización borbónica.
Entre 1356 y 1365, los reyes Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón se enfrentaron en una cruenta guerra que tuvo su escenario principal en el Reino de Valencia, debido al interés del monarca aragonés de controlar el Reino de Murcia. Ciudades como Alicante estuvieron sitiadas durante varios años, y como premio a su valentía por resistir dos veces el asalto de los castellanos, la ciudad de Valencia recibió las dos "L" de su escudo (doblemente leal), y a su bandera real se le concedió la corona real. De esta concesión nació la bandera valenciana que ha llegado hasta nuestros días. Durante esta guerra además las poblaciones de Villena y Sax, que habían pasado a Valencia mediante la Sentencia de Torrellas en 1304, serían tomadas en armas por los castellanos y no regresarían a Valencia hasta el siglo XIX.
Asimismo, el Reino de Valencia financia económicamente la expansión de la Corona de Aragón durante los siglos XV y XVI, por lo que alcanza su máximo esplendor durante el Siglo de oro, gracias al consecuente comercio marítimo con los nuevos territorios extra hispánicos de la Corona (Córcega, Sicilia, Nápoles, etc.), y la creación de la Taula de Canvis, la primera bolsa de valores de la historia. Esta época coincide, además, con una explosión literaria notable en valenciano, siendo una de las primeras sociedades en entrar en la época del renacimiento, con importantes escritores, humanistas, y filósofos.
Con la unión dinástica efectiva de la Corona de Castilla y de la Corona de Aragón en el emperador Carlos I, el Reino de Valencia sigue manteniendo su independencia política. No obstante, el reino empieza a verse sometido a la presión de una política cada vez más centralista por parte de la hegemonía de la Corona castellana, dando lugar a importantes conflictos sociales como las Revueltas de las Germanías de los gremios y agricultores valencianos contra diversos virreyes y lugartenientes. Otro problema importante es la drástica reducción demográfica, hasta un tercio de la población, como consecuencia de las diferentes expulsiones de judíos y moriscos del Reino, lo cual hace que su economía entre en una grave crisis debido, principalmente, a la falta de mano de obra barata que había con la población morisca valenciana (denominados tagarins), y a la fuga de capitales y activos acumulados por los sefarditas.
En 1700, con la muerte de Carlos II, fue proclamado rey de Castilla y de Aragón Felipe de Anjou, lo que provocó la Guerra de Sucesión Española. La Corona de Aragón se puso de parte del archiduque Carlos, el otro pretendiente. La resistencia del Reino de Valencia se concentró especialmente en Játiva, Denia, Altea y Alicante, que fueron incendiadas en repetidas ocasiones (de ahí el gentilicio "socarrats", "quemados" en castellano, propio de la ciudad de Játiva), y su población masacrada. Cuando la guerra terminó, Felipe V promulgó los Decretos de Nueva Planta, por los que quedaban abolidas todas las instituciones de la Corona de Aragón y de los Reinos que la componían, que desaparecían y se integraban en la corona de Castilla, haciéndose los fueros de éste último reino extensivos para todo el territorio; no obstante, para ser asimilada a la legislación y sistema político castellanos, el rey tuvo que sofocar numerosas sublevaciones y revueltas sociales a lo largo del territorio dirigidas por excombatientes del bando de los austrias, los migueletes.