Gandía Shore Episodio 8: Ylenia contra el universo

La de Benidorm ha conseguido impacientar hasta a los marcos de las puertas con su irrefrenable mal humor, sus gritos y sus descalificaciones, hasta conseguir que Labrador haga frente común con la Gata y Core contra ella

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Ana Bort
3/12/2012

Podía haber sido un icono del chonismo, haber convertido su grito de guerra en el nuevo ‘Hola, soy Edu, Feliz Navidad’. Pero los hechos y cómo está reaccionando ante ellos están dejando a Ylenia en un papel que seguro ni ella misma se esperaba que fuera así. Sus compañeros la dejan de lado por sus frecuentes salidas de tono, sus faltas de respeto, sus borracheras y sus contínuos acosos a Labrador.

Este, que en un principio le atrajo, que luego apuntó que era más físico que otra cosa porque la chiquita se rallaba y al final, que ya la tiene como una loca, no hace más que desquiciarse ante los estados de ánimo cambiantes y volcánicos de la rubia de Benidorm.

Las tensiones entre Ylenia y Gata han llegado a un punto vergonzante por el tipo de lindezas que se cruzan, en las que las amenazas físicas son explícitas y dan ganas de parar el programa. Una cosa es que un aficionado a los realities quiera ver un poco de fuego, un par de riñas, sexo en blanco y negro y borracheras y otra es ver a las valencianas amenazándose con romperse una botella de cristal en la cabeza. ‘Gandía Shore’ no se creó para ser JackAss.

La única que parece estar exenta de estas barbaridades es Arantxa, que con su inocencia y carisma se ha ganado ser la hermana pequeña de la casa, la protegida y todos se toman sus historias con humor cuando sale de la habitación de los ligues liada en una sábana diciendo que le duele… Bueno, que le duele ahí. La chiquilla le confesó en el pasado programa su amor a Abraham y este se rió, porque poco después estaba compartiendo cama con Core, de cariño de hermanos claro.

Entre eso y que está trabajando por primera vez en su vida, en el pasado capítulo la ‘choni’ montó un lio en el chiringuito porque creía que estaba dando demasiado de sí misma en el trabajo y que Clavelito, su compañero de turno, no estaba dando el callo.

En la casa cuando mejor se lo pasan y más tranquilitos están es cuando Ylenia no hace acto de presencia y ella, que se da cuenta de que le dan esquinazo, la última idea que tiene es marcharse de la casa y eso que los odios, las broncas y las peleas podrían haberle metido esa idea entre sus extensiones. Pero no.

Cuando Clavelito y Abraham la intentan picar en la discoteca con que ‘su’ Labrador está mareando a una chica, ella engancha al primero que pilla y le enchufa la lengua sin pensar, sin mirar y sin dudar, cosa que luego es motivo de chanza y bronca con Labrador, ¡qué raro!

Core y la Gata hacen piña con Labrador y se le restriegan bajo la mirada de Ylenia, que en contra de lo previsto no mueve una ceja ni comienza a chillar. La fiesta acaba en la playa, donde Aranxta, la pobre, que tiene ‘su asunto’ un poco escocido porque tiene alergia al látex, mejora el tema metiéndose en el mar. Sale con el sujetador en la mano y el tanga en la cabeza, como todo hijo de vecino cuando va a bañarse a la playa.

Mientras, la Gata comienza a pensar que está perdiendo el tiempo ‘guardándose’ para su novio y no haciendo lo que le apetece en la casa de Gandía… Una llamada de su madre confirma su idea cuando le dice que a su novio ‘que le den y su quieres cepillarte a todos los de la casa, te los cepillas’. Vamos, ¿qué madre no diría eso?

Aunque a veces fomentan la guerra, los chicos de la casa también quieren la paz y por ello organizan una cena para limar asperezas. Pero como era previsible, Ylenia no está dialogante, comprensiva y dispuesta a escuchar lo que le dicen sus compañeros, sino más bien para apuntar que las de la casa son unas falsas y que está dispuesta a pegarse con quien haga falta. Sobre todo con Gata. Un cuadro deleznable de lo que se puede considerar un comportamiento normal, pero bueno, esto es ‘Gandía Shore’, no el Palacio de Llíria.