El ex marine que mató a Bin Laden no tiene ni pensión ni seguro médico del Pentágono

El dramático caso del marine ha sido retratado por la revista Esquire, tras matar a Bin Laden se fue del ejército y ahora no posee ningún seguro medico para pagar sus tratamientos ni pensión como veterano

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Ana Bort
12/2/2013

Pasó de ser quien asesinó al enemigo número 1 de los Estados Unidos y de ser un enemigo anónimo de los Seals a no tener ni trabajo ni seguro médico ni pensión. El soldado de las fuerzas especiales que asestó tres tiros en la cara a Osama Bin Laden dejó el ejército el pasado septiembre y desde ese momento no tiene nada con lo que vivir.

Este hecho se ha dado a conocer a través de una entrevista que ha ofrecido a la revista Esquire en la que se queja del trato que se da a los veteranos del ejército en Estados Unidos. Entró en la Marina a los 19 años porque sufrió un desengaño amoroso y tras participar en cientos de misiones, se enfrentó a la más importante de su vida.

Aunque debe mantener su identidad en secreto, varios marines confirman que fue él quien entró solo a la habitación donde estaba Bin Laden con sus mujeres y le disparó en la cara.

La operación se gestó durante 2011 y el 1 de ese año el comando de fuerzas especiales convocó a su equipo para asegurarles que tenían algo en lo que trabajar. Pocas semanas después, desvelaron cuál era el objetivo que se les había puesto a tiro, Bin Laden.

Cuando el equipo de fuerzas especiales puso rumbo hacia su misión pensaban que no volverían nunca a casa. Entraron en el edificio en el que estaba Bin Laden con revuelo, pero consiguieron confundirle y el ‘tirador’ se encontró frente a frente con el terrorista, solos en la habitación con una mujer.

Bin Laden la empujó hacia él, no sabía si llevaba un cinturón con explosivos, pero fue rápido y le disparó en la frente hasta tres veces. Pocos segundos después llegó el resto de su equipo.

Se retiró en septiembre tras dieciséis años al servicio de Estados Unidos pero ahora tiene muchas dificultades para llevar a cabo una vida normal. Apunta que no tiene derecho a pensión ni a ningún seguro médico del Pentágono, ni tiene protección especial, por lo que no puede pagar los cuidados médicos que necesita por sus heridas.

Aunque ha contratado un seguro privado, no le cubre todos los tratamientos para sus dolores del cuerpo y sus problemas de visión. El Pentágono le ofreció un trabajo como conductor de un camión de cerveza en Milwaukee, pero para ello debería renunciar a su identidad, cambiar de lugar de residencia y no volver a hablar con la mayor parte de su familia y amigos.