Diana de Gales: 15 años de mito

Cuando se cumplen quince años de la muerte de Lady Di recordamos a la mujer que elevó su estatus de princesa al de estrella del espectáculo sin abandonar nunca su faceta de madre y su cara más solidaria. La reina de corazones sigue siendo una leyenda

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Ana Bort
31/8/2012

Todavía no ha nacido una persona que pueda aunar tantas facetas diferentes y que únicamente inspire admiración y fanatismo. El aura de mito inmortal de Diana Spencer crece con los años y en el quince aniversario de su muerte solo cabe unirse al homenaje que los medios de comunicación del corazón otorgan a la que fuera reina de corazones, la princesa del pueblo más auténtica.

Su vida dio un giro de 180 grados en su unión con el Príncipe Carlos en la Catedral de Saint Paul londinense el 28 de junio de 1981. Era casi una adolescente y verla avanzando por la alfombra roja con ese espectacular y recargado vestido blanco forma parte del imaginario popular de los años ochenta. Ella pensaba que caminaba hacia un matrimonio feliz pero como bien confesó años después, tres personas eran demasiadas.

Su carisma y sus sonrisas enamoraron a la prensa y de la antes tímida y comedida Diana Spencer, de espeso flequillo y cerrado escote, nació la primera princesa mediática, amiga de celebrities, acosada y adorada por la prensa al mismo tiempo. Nunca antes un miembro de la realeza había suscitado semejante interés y había coqueteado con el mundo de la música y el cine. Su mítico baile con Jonh Travolta en la Casa Blanca y su sonada amistad con Michael Jackson o Elton John (que le dedicó en su funeral ‘Candle in the wind’) así lo confirman.

Lady Di nunca tuvo reparos en mostrarse como una madre auténtica, para disgusto de los férreos amantes del protocolo británico y sobre todo, de la Reina Isabel. Y no solo eso, sino que destilaba amor allá por donde pasaba. Era habitual verla visitando países del Tercer Mundo y fotografiarla sentada entre niños enfermos, con bebés en su regazo a los que acunaba y besaba, acudía a ver a presos, a politoxicómanos, renegados en barrios marginales. Daba todo lo que quería recibir y no encontraba en las frías habitaciones del Palacio de Windsor.

Se divorció el 28 de agosto de 1996 y dejó tras de sí infidelidades, rumores, tareas reales, imposiciones y declaraciones de amor a terceros escuchadas por teléfono por error. Tanto es así que mientras su ex marido desvelaba los detalles de sus escarceos con Camilla Parker – Bowles por televisión, ella se dejó ver en una fiesta con un provocador, espectacular y desmesuradamente sexy vestido apodado ‘el vestido jódete‘ por la prensa, para anunciar que su moral estaba por encima de las estrecheces de la corona que dejaba atrás.

Pero no tuvo mucho tiempo para poder seguir buscando la felicidad. El 31 de agosto de 1997, Diana y su entonces pareja Dodi Al Fayed, huían de los paparazzi en un coche por las calles de París cuando éste impactó contra las columnas de un túnel. Había pasado un verano viajando en un yate, provocando a los paparazzis que incansables seguían a la pareja allá por donde fueran.

Se dice que cuando murió estaba embarazada, que planeaba crear una familia con el hijo del magnate egipcio, pero esos detalles se quedaron en el túnel. Dejó a dos hijos de 13 y 15 años desolados y la Reina no pudo evitar que con su muerte su halo de estrella creciera de forma exponencial. Su funeral fue uno de los programas más vistos del mundo y no hubo nadie que pudiera contener la emoción viendo a William y Harry andando tras el ataúd de su madre por Londres.

Con motivo del décimo aniversario de su muerte, en 2007 sus hijos organizaron un concierto en su memoria coincidiendo con el que hubiera sido su 46 cumpleaños y en el que actuaron Elton John, Rod Stewart, Tom Jones o Andrea Bocelli. Harry dirigió a unas palabras al público y apuntó que aunque todo el mundo la recordaría por sus obras sociales, para ellos siempre sería su madre, la mejor del mundo.

Por ello, cuando William pidió en matrimonio a la que hoy es su esposa Catherine Middleton escogió el anillo de pedida que también llevó su madre, un espectacular joya de zafiros y diamantes que recordará y tendrá presente a Lady Di en la vida de la pareja.

Hoy, quince años después de su muerte, la Princesa Diana seguirá reinando en los corazones por su forma de ser, de crear su propia leyenda y de marcar una diferencia en las casas reales europeas y sobre todo en la británica, a pesar de haber sido despojada de sus títulos de alteza.