Banca: Cataluña, Valencia, Galicia y Madrid pierden el 20% de sus oficinas

La reestructuración de las antiguas cajas de ahorros y el marco de fusiones y adquisiciones han provocado el cierre en las provincias más afectadas por la crisis.

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Rodrigo Cortiña
19/8/2013

Tras varios años de crisis económica, las regiones más golpeadas por la crisis son provenientes de las fusiones de las antiguas cajas, que han tenido un efecto más que palpable en estas: en sólo unos años se han cerrado 9.000 oficinas y se han despedido a más de 33.000 trabajadores, la mayoría de ellas afincadas en Cataluña, Valencia, Madrid y Galicia.

Ante esta situación, cientos de pequeñas localidades, sobre todo en el ámbito rural, han asistido a la desaparición de sus sucursales bancarias y miles de clientes han perdido la oportunidad de tener una oficina bancaria de su entidad cerca de casa, estando obligados a desplazarse para poder realizar trámites.

Cataluña, la región más afectada por el cierre de oficinas, ha visto reducido su número en un 25% desde septiembre de 2008 hasta marzo de este mismo año, según datos del Banco de España y se prevé que dentro de poco asista al mayor ajuste del sector en la zona debido a la privatización de Catalunya Banc, fruto de la fusión entre Caixa Catalunya, Caixa Tarragona y Caixa Manresa.

La segunda región más afectada es la Comunitat Valenciana, donde han desaparecido la CAM absorbida por el Banco Sabadell y el Banco de Valencia, por Caixabank, además de ser el territorio de Bancaja, una de las cajas que conforman ahora Bankia, cifrando la pérdida total de oficinas en torno a un 25% entre las tres provincias valencianas.

Madrid forma parte del tercer puesto, con la reestructuración de Bankia, que supuso el 21% del cierre de oficinas de esa comunidad y en último lugar Galicia, con un 21% menos que antes debido a la adquisición del Banco Pastor por parte del Banco Populary de la reestructuración de Novagalicia Banco, fruto de la fusión entre Caixa Galicia y Caixanova.

Desde Comisiones Obreras prevén que al final del ajuste el número de oficinas baje a niveles de los años ochenta y que el empleo de la banca retroceda en 35 años, reduciéndose en 23.000 personas más hasta 2015